domingo, 30 de noviembre de 2008

Un "quiero y no puedo"

Manané Rodriguez no ha conseguido conmoverme en “Un cuento para Olivia”, y eso que últimamente gasto más kleenex que Charlie Rivel. Quizás debido a nuestra actual experiencia preadoptiva, esperaba mucho más de este largometraje, que utiliza una historia de adopción en su trama argumental y un conjunto de niños-actores que son los que realmente sustentan la película.

Llena de clichés y estereotipos, desde la adopción a la carta hasta el príncipe destronado, al film le falta ritmo y sonido, un guión más sólido y documentado, y música, le falta música. Creo que necesitaría otra estructura narrativa diferente para que el espectador se sintiese dentro del cuento, aún a pesar de un final inesperado que le da cierto empaque a la historia.

No me han gustado los secundarios, ni Manuel Cortés en el papel del padre de Olivia, pero su compañera de reparto equilibra el trabajo de los actores. Sin embargo los niños me han transportado treinta años atrás, y los movimientos de cámara en las escenas con los críos han sido la causa de mi flashback particular que ha durado más de media película. Olivia (Luisana Álvarez) enamora con esa cara no tan expresiva como llena de timidez y picardía. Ella y el resto de los niños que le acompañan en el reparto son los que, en mi opinión, mantienen la atención y un cierto ritmo, suficiente para que el espectador se mantenga en su butaca hasta que el ocioso acomodador abandona el ambigú y prende las luces.

Por tanto, un “casi, casi” para esta cinta a la que parece que le falta algo –quizás presupuesto- a pesar de poder contemplar en pantalla grande mi Coruña natal.

2 comentarios:

  1. yo casi que no recuerdo lo que es ir al cine,pero,la veré de todas formas,a ver si consigo transportarme también a mi infancia,aún que sólo sea por eso,y por ver coruña,merecerá la pena.
    bikiños paloma,que os falta ná
    pau y mese

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  2. ¡Venga Paloma! Aunque se que estas fechas que llegan no son las mejores para las esperas, seguro que pronto tendreís vuestra llamada. Muchos ánimos desde Zaragoza.
    Un beso,

    CARMEN

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