jueves, 28 de agosto de 2008

Había una vez una hermosa reina ...

Makeda era la reina de Etiopía y Saba, tierras antiguas en África y la península del sur árabe. Unos creen que la capital de su reino, Axum, fue fundada 100 años después de la Gran Inundación representada en la Biblia.

Conocida por los etíopes como Makeda, ha tenido una gran variedad de nombres en pueblos diferentes y en diferentes ocasiones. Así en la tradición Islámica ella era "Bilqis"; los Griegos antiguos la conocían como "la etíope Diana" y para el Rey Salomón de Israel ella era la Reina de Sheba.

La reina Makeda era hermosa, inteligente, paciente y creativa. Su mayor deseo era alcanzar la verdad y la sabiduría. Una vida de lujo no satisfacía su alma a pesar de su poder real y la riqueza enorme de oro, joyas y especias raras que poseía. Por ello, su espíritu aventurero la condujo no sólo a explorar los reinos africanos y del Medio Oriente que rodearon Etiopía, sino también a capturar el amor de Salomón, el rey más poderoso de esos tiempos.

En sus viajes y en su trono real, ella oyó muchas historias sobre la sabiduría de Rey Salomón y quiso viajar para ver a este rey en toda su gloria. La reina Makeda comenzó su viaje con un enorme séquito consistente en montones de criados, cientos de mulas, asnos y camellos que llevaron un tesoro enorme en gemas de oro y raras y valiosas especias.
Durante su visita de seis meses a Salomón, Reina Makeda consultó con frecuencia con el Rey. Ella se sintió tan impresionada por su sabiduría que adoptó a Jehova como Dios verdadero y se convirtió al judaísmo.

Al poco tiempo, volvió a su propio país, aunque Salomón hubiera preferido que ella se quedase. La reina regresó a casa, y nueve meses y cinco días después dio a luz a un niño, Ibn Al-Hakim, "Hijo del hombre sabio. " Su nombre real era Menelik.

Cuando cumplió 15 años, Menelik viajó a Jerusalén para visitar a su padre. Cuando el príncipe jóven se acercó, Salomón besó y abrazó a su hijo y le pidió que se quedase. Le prometió el reino de Israel a su muerte, pero Menelik le contestó, "Mi señor, es imposible para mí abandonar mi país y mi madre, juré que volvería".

Cuando Salomón entendió que su hijo no se quedaría en Jerusalén, lo proclamó Rey de Etiopía, le concedió el nombre de David y le proveyó de concejales y oficiales para su reino en Etiopía.
Excepto un breve período durante los novenos y décimos siglos y hasta el fallecimiento de Haile Selassie, el León Victorioso de Judas, descendientes de la Reina Makeda han gobernado el trono de Etiopía.

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